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Tiempo Ordinario
Leccionario: 398
En aquel tiempo, me habló el Señor y me dijo: “Ve y grita a los oídos de Jerusalén: ‘Esto dice el Señor: Aún recuerdo el cariño de tu juventud y tu amor de novia para conmigo, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivo. Israel estaba consagrado al Señor como primicia de su cosecha. Quien se atrevía a comer de ella, cometía un delito y la desgracia caía sobre él. Yo los traje a ustedes a una tierra de jardines, para que comieran de sus excelentes frutos. Pero llegaron y profanaron mi tierra, convirtieron mi heredad en algo abominable. Los sacerdotes ya no hablan de Dios y los doctores de la ley no me conocen, los pastores han profetizado en nombre de Baal y adoran a los ídolos. Espántense, cielos, de ello, horrorícense y pásmense, –palabra del Señor–, porque dos maldades ha cometido mi pueblo: me abandonaron a mí, manantial de aguas vivas, y se hicieron cisternas agrietadas, que no retienen el agua’ ”.
R. (10a) Tu eres, Señor, la fuente de la vida. Señor, tu misericordia es tan grande como el cielo y tu fidelidad, como desde la tierra hasta las nubes. Más grande que las montañas es tu justicia y tus sentencias son como el océano inmenso. R. R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida. Señor, qué inapreciable es tu misericordia. Los seres humanos se acogen a la sombra de tus alas, se nutren de lo más sabroso de tu casa y tú les das a beber el torrente de tus delicias. R. R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida. Porque tú eres, Señor, la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen y tu justicia con los rectos de corazón. R. R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida.
R. Aleluya, aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve. Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron’’.
Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB
Hoy Dios te habla con una ternura firme: “Yo fui tu primer amor… ¿por qué me cambiaste por cisternas agrietadas?”. Jeremías denuncia el corazón que se aleja de la Fuente de agua viva, mientras el salmo proclama: “Tú eres, Señor, la fuente de la vida”. En el Evangelio, Jesús distingue entre los que oyen de verdad y los que se han cerrado. El mensaje central: Dios sigue siendo la Fuente, pero tú decides si bebes de Él o sigues intentando saciarte en pozos rotos.
Nuestro mundo está lleno de “cisternas” modernas: trabajo sin descanso, redes sociales, búsqueda obsesiva de reconocimiento, incluso un activismo religioso sin intimidad con Dios. Nada de eso es malo en sí, pero se vuelve cisterna agrietada cuando ocupa el lugar del Manantial. Jesús te pregunta hoy: ¿quieres solo escuchar parábolas de lejos o dejar que su Palabra atraviese tu agenda, tus miedos y tus planes?
Piensa, por ejemplo, en ese momento del día en que, por inercia, tomas el celular y te pierdes desplazando la pantalla: ¿no sería ese un lugar concreto para volver al Manantial?
1. Elige hoy una “cisterna agrietada” (por ejemplo, 20 minutos de redes) y sustitúyela por leer lentamente el Evangelio de hoy, preguntando: “Señor, ¿dónde estoy ciego o sordo?”.
2. Una vez esta semana, pasa 10 minutos ante el Santísimo (o en silencio en tu habitación) repitiendo: “Tú eres, Señor, la fuente de la vida”, dejando que esa frase baje al corazón.
3. Escribe una breve “memoria de amor”: tres momentos de tu vida donde claramente viste a Dios cuidándote en el “desierto”.
1. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste de verdad a Dios como “fuente de vida” y no solo como idea religiosa?
2. ¿Qué decisión concreta te está pidiendo hoy el Señor para dejar una cisterna agrietada?
3. ¿Cómo afecta tu relación con Dios la manera en que te relacionas con los demás en casa o en el trabajo?
4. ¿En qué aspectos reconoces que “viendo no ves y oyendo no entiendes”? ¿Qué temes perder si realmente dejas que Dios te cambie?
5. ¿Qué pequeño paso darás hoy -no mañana- para beber más conscientemente del Manantial y menos de tus propias cisternas?
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