¿Por qué otro sitio de horarios de Misa? Lee mi historia →
Tiempo Ordinario
Leccionario: 289
En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la comunidad cristiana, juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Los elegidos fueron Judas (llamado Barsabás) y Silas, varones prominentes en la comunidad. A ellos les entregaron una carta que decía:
“Nosotros, los apóstoles y los presbíteros, hermanos suyos, saludamos a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia, convertidos del paganismo. Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos decidido de común acuerdo elegir a dos varones y enviárselos, en compañía de nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo, que han consagrado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes les transmitirán, de viva voz, lo siguiente:
‘El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias. A saber: que se abstengan de la fornicación y de comer lo inmolado a los ídolos, la sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas cosas, harán bien’. Los saludamos”.
Los enviados se despidieron y cuando llegaron a Antioquía, reunieron a la comunidad cristiana y les entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, todos se llenaron de júbilo.
R. (10a) Alabemos y cantemos al Señor. Aleluya. Dispuesto está mi corazón, Dios mío, para cantar tus alabanzas. Despiértate, alma mía, despiértense mi cítara y mi arpa, antes de que despunte el alba. R. Alabemos y cantemos al Señor. Aleluya. Tocaré para ti ante las naciones, te alabaré, Señor, entre los pueblos, Pues su lealtad hasta las nubes llega Y tu amor es más grande que los cielos. Levántate, Señor, en las alturas y llena con tu gloria el mundo entero. R. Alabemos y cantemos al Señor. Aleluya.
R. Aleluya, aleluya. A ustedes los llamo amigos, dice el Señor, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre. R. Aleluya.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.
Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB
Hoy la Palabra junta dos escenas: la Iglesia que discierne con el Espíritu y Jesús que nos llama amigos. En Jerusalén, los apóstoles deciden no “imponer más cargas que las estrictamente necesarias”; Jesús, en el Evangelio, nos da un solo mandamiento: amarnos como Él nos ha amado. Amor que no aplasta, sino que libera, acompaña y da vida. Dios hoy te recuerda que no te eligió para vivir agobiado, sino para dar fruto que permanezca, desde una amistad real con Él.
Amar “como Él nos ha amado” no es un eslogan espiritual: implica revisar qué cargas pones sobre los demás y sobre ti mismo. A veces en casa, en el trabajo o en un grupo de WhatsApp, exiges perfección, te ofendes fácilmente o usas la fe como medida para juzgar a otros. Jesús te invita a pasar de “siervo que obedece normas” a amigo que ama, discierne y busca el bien real del otro, aunque eso te cueste tiempo, paciencia o pedir perdón primero.
1. Elige una relación tensa (familia, pareja, trabajo) y esta semana haz un gesto concreto de amor gratuito: una llamada, un mensaje de paz, un favor sin esperar nada.
2. Una vez al día, dedica 5 minutos en silencio para decir: “Jesús, ¿qué haría un amigo tuyo en esta situación?” y anota la respuesta que intuyas.
3. Revisa hoy una exigencia que pones a alguien (hijo, cónyuge, compañero) y pregúntate si es una “carga necesaria” o un peso inútil; actúa en consecuencia.
1. ¿En qué momento reciente te has sentido amado como “amigo” por Dios y no solo como “siervo”?
2. ¿Qué carga estás poniendo sobre ti o sobre otros que quizá Jesús no te ha pedido?
3. ¿Cómo se nota, en hechos concretos, que eres amigo de Jesús en tu familia o comunidad?
4. ¿Qué te cuesta más: dejarte amar por Cristo o amar a los demás como Él te ama? ¿Por qué?
5. ¿Qué paso pequeño y concreto vas a dar hoy para que tu amor sea más libre y parecido al de Jesús?
Atajos de teclado:
← / → : Día anterior / siguiente
T : Ir a hoy