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Tiempo Ordinario
Leccionario: 360
Al cabo de algún tiempo, el torrente donde el profeta Elías estaba escondido se secó, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor le dijo a Elías: “Anda y vete a Sarepta de Sidón y quédate ahí, pues le he ordenado a una viuda de esa ciudad que te dé de comer”.
El profeta Elías se levantó y se puso en camino hacia Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: “Tráeme, por favor, un poco de agua para beber”. Cuando ella se alejaba, el profeta le gritó: “Por favor, tráeme también un poco de pan”. Ella le respondió: “Te juro por el Señor, tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; tan sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo unos cuantos leños. Voy a preparar un pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos y luego moriremos”.
Elías le dijo: “No temas. Anda y prepáralo como has dicho; pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo. Después lo harás para ti y para tu hijo, porque así dice el Señor de Israel: ‘La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra’ ”.
Entonces ella se fue, hizo lo que el profeta le había dicho y comieron él, ella y el niño. Y tal como había dicho el Señor por medio de Elías, a partir de ese momento, ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó.
R. (7) Señor, no te alejes de nosotros.
Tú que conoces lo justo de mi causa,
Señor, responde a mi clamor.
Tú que me has sacado con bien de mis angustias,
apiádate y escucha mi oración. R.
R. Señor, no te alejes de nosotros.
Y ustedes, humanos, ¿hasta cuándo
ultrajarán mi honor?
¿Hasta cuándo amarán lo que es engaño
y se irán tras lo falso con ardor? R.
R. Señor, no te alejes de nosotros.
Admirable en bondad
ha sido el Señor para conmigo
y siempre que lo invoco me ha escuchado
por eso en él confío.
Así que tiemblen y no pequen;
Mediten en silencio en su lecho. R.
R. Señor, no te alejes de nosotros.
¿Quién nos hará dichosos, dicen muchos,
si has querido, Señor, darnos la espalda?
En cambio a mi, Señor, me has alegrado
más que con trigo y vino en abundancia. R.
R. Señor, no te alejes de nosotros.
R. Aleluya, aleluya. Que brille la luz de ustedes ante los hombres, dice el Señor, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos. R. Aleluya.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.
Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB
Hoy Dios te habla de confianza y misión en lo pequeño. La viuda de Sarepta está en el límite: “comeremos y luego moriremos”; sin embargo, se atreve a compartir lo último que tiene, y allí aparece el milagro. Jesús, en el Evangelio, no le habla a gente perfecta, sino a discípulos frágiles como tú y como yo, y les dice: “Ustedes son la sal… ustedes son la luz”. El mensaje se junta así: Dios multiplica lo poco que te queda cuando lo pones en sus manos… y lo usa para iluminar y dar sabor a otros.
Elías pide pan a una mujer que no tiene casi nada; Jesús te pide ser luz cuando quizá tú mismo sientes oscuridad dentro. ¿Qué haces tú cuando “no te alcanza” la paciencia, el tiempo, el dinero o las fuerzas, y alguien te pide algo más? Piensa, por ejemplo, en llegar a casa agotado y que un hijo, amigo o familiar te pide escucha: ese “poquito” que ofreces con amor, Dios puede convertirlo en alimento y luz para otro.
1. Esta semana, en un momento de cansancio o escasez (económica, emocional, de tiempo), repite despacio: “Señor, esta es mi tinaja; haz tú el resto”, y ofrece un gesto concreto de servicio.
2. Dedica 10 minutos una noche para anotar tres situaciones donde pudiste haber sido más “sal y luz” en tu entorno (casa, trabajo, redes) y qué harías distinto.
3. Elige a una persona concreta a la que hoy le cueste creer: mándale un mensaje breve de ánimo y promesa de oración.
1. ¿Cuándo te has sentido como la viuda: con las manos vacías y el corazón cansado?
2. ¿En qué área de tu vida Dios te está invitando hoy a dar “el primer panecillo” confiando en Él?
3. ¿Cómo estás siendo sal y luz para las personas que viven contigo o trabajan contigo?
4. ¿Qué te da más miedo: quedarte sin “harina y aceite” o exponerte y dejar que otros vean tu luz? ¿Por qué?
5. ¿Qué gesto pequeño, concreto, vas a ofrecer hoy para que Dios lo multiplique?
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