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miércoles, 24 de junio de 2026

Solemnidad de Natividad de san Juan Bautista

Tiempo Ordinario

Leccionario: 587

Lecturas de la Sagrada Escritura

Primera Lectura

Escúchenme, islas;

pueblos lejanos, atiéndanme.

El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;

cuando aún estaba yo en el seno materno,

él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa,

me escondió en la sombra de su mano,

me hizo flecha puntiaguda,

me guardó en su aljaba y me dijo:

“Tú eres mi siervo, Israel;

en ti manifestaré mi gloria”.

Entonces yo pensé: “En vano me he cansado,

inútilmente he gastado mis fuerzas;

en realidad mi causa estaba en manos del Señor,

mi recompensa la tenía mi Dios”.

Ahora habla el Señor,

el que me formó desde el seno materno,

para que fuera su servidor,

para hacer que Jacob volviera a él

y congregar a Israel en torno suyo

–tanto así me honró el Señor

y mi Dios fue mi fuerza–.

Ahora, pues, dice el Señor:

“Es poco que seas mi siervo

sólo para restablecer a las tribus de Jacob

y reunir a los sobrevivientes de Israel;

te voy a convertir en luz de las naciones,

para que mi salvación llegue

hasta los últimos rincones de la tierra”.

Salmo Responsorial

R. (14a) Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú me conoces, Señor, profundamente:

tú conoces cuándo me siento y me levanto,

desde lejos sabes mis pensamientos,

tú observas mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares. R.

R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Tú formaste mis entrañas,

me tejiste en el seno materno.

Te doy gracias por tan grandes maravillas;

soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. R.

R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Conocías plenamente mi alma;

no se te escondía mi organismo,

cuando en lo oculto me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.
Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Segunda Lectura

En aquellos días, Pablo les dijo a los judíos: “Hermanos: Dios les dio a nuestros padres como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’.

Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes”.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.

R. Aleluya.

Evangelio

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB

Reflexión

“Juan es su nombre”: Llamado, identidad y misión

Hoy Dios te recuerda algo muy simple y muy hondo: no eres un accidente. Como el siervo de Isaías y como Juan, fuiste pensado, amado y llamado desde el seno materno. El salmo lo grita: “Soy un prodigio”. Pero no solo para sentirte bien, sino para una misión concreta: ser “luz de las naciones” allí donde estás. La pregunta no es si Dios tiene un plan; la pregunta es si tú te dejas “poner nombre” por Él o sigues viviendo solo desde las etiquetas del mundo.

Dejar que Dios tenga la última palabra

En el Evangelio, todos quieren llamar al niño “Zacarías”, según la costumbre. Pero Dios ya había elegido otro nombre: Juan, “Dios es misericordia”. También a ti el entorno te quiere etiquetar: “el que fracasó en ese negocio”, “la que está sola”, “el que no es tan espiritual”. Como Zacarías, recuperas la voz cuando aceptas el nombre y la misión que Dios te da, no la que los demás esperan. Piensa, por ejemplo, en alguien que cambia de trabajo para estar más disponible para su familia: quizá gana menos, pero vive desde su verdadero llamado.

Poniéndolo en Práctica

- Esta semana, dedica 10 minutos en silencio y pregúntale al Señor: “¿Quién dices Tú que soy?” Apunta las palabras que vengan a tu corazón.

- Relee hoy el salmo 139 y subraya las frases que más te hablen de tu valor ante Dios. Llévalas en una nota en tu cartera o celular.

- Haz un gesto concreto de “preparar el camino” para Jesús: una llamada de reconciliación, una invitación a Misa, o una ayuda discreta a alguien necesitado.

Reflexiona y Escribe en tu Diario

1. ¿Cuándo te has sentido más “conocido” y mirado por Dios?

2. ¿Qué etiqueta o juicio sobre ti necesitas dejar atrás hoy?

3. ¿Cómo puedes ser “luz” para una persona concreta esta semana?

4. ¿En qué aspecto te cuesta creer que eres “un prodigio” de Dios?

5. ¿Qué paso pequeño pero concreto darás hoy para vivir más tu misión?

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