¿Por qué otro sitio de horarios de Misa? Lee mi historia →
Tiempo Ordinario
Leccionario: 379
Esto dice el Señor: “Busquen el bien, no el mal, y vivirán, y así estará con ustedes, como ustedes mismos dicen, el Señor, Dios de los ejércitos. Aborrezcan el mal y amen el bien, implanten la justicia en los tribunales; quizá entonces el Señor, Dios de los ejércitos, tenga piedad de los sobrevivientes de José. Yo desprecio y detesto las fiestas de ustedes, no me agradan sus solemnidades. Aunque me ofrezcan holocaustos, no aceptaré sus ofrendas ni miraré con agrado sus sacrificios de novillos gordos. Alejen de mí el ruido de sus canciones; no quiero escuchar la música de sus arpas. Que fluya la justicia como el agua y la bondad como un torrente inagotable’’.
R. (23b) Dios salva al que cumple su voluntad. Israel, pueblo mío, escucha atento; en contra tuya, yo, tu Dios, declaro: R. R. Dios salva al que cumple su voluntad. “No voy a reclamarte sacrificios, pues siempre están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré becerros de tu casa, ni cabritos de tus rebaños. R. R. Dios salva al que cumple su voluntad. Pues todas las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes. Conozco todos los pájaros del cielo y es mío cuanto se mueve en los campos. R. R. Dios salva al que cumple su voluntad. Si yo estuviera hambriento, nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío. ¿O acaso yo como carne de toros y bebe sangre de cabritos? R. R. Dios salva al que cumple su voluntad. ¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú, que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos”? R. R. Dios salva al que cumple su voluntad.
R. Aleluya, aleluya. Por su propia voluntad el Padre nos engendró por medio del Evangelio, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas. R. Aleluya.
En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?” No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. El les respondió: “Está bien”. Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron. Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.
Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB
Hoy Dios nos habla con una claridad que incomoda: no le basta nuestro culto si nuestro corazón sigue amando la injusticia. A través de Amós, el Señor dice que puede rechazar cantos, fiestas y ofrendas cuando nuestra vida diaria contradice lo que celebramos. Y en el Evangelio, Jesús libera a dos hombres poseídos, pero la gente del pueblo le pide que se vaya: prefieren perder a Jesús antes que perder sus cerdos. El mensaje se junta así: Dios quiere nuestra conversión real, no solo nuestros ritos; quiere nuestra libertad, aunque a veces nosotros nos aferremos a nuestras cadenas.
En el fondo, los gadarenos somos nosotros cuando preferimos “que todo siga igual” antes que dejar que Jesús toque nuestros miedos, negocios, rutinas. Tal vez no tengamos cerdos, pero sí seguridades: una relación tóxica, un trabajo donde callo ante la injusticia, una costumbre de criticar en redes. Jesús viene a liberarte de eso… pero tú decides si lo dejas entrar o le pides que se vaya.
1. Reserva hoy 10 minutos en silencio (puede ser antes de dormir) y escribe: ¿en qué cosas sé que no soy justo/a y lo dejo pasar “para no complicarme”?
2. Esta semana haz un acto concreto de justicia o reparación: pagar lo justo, devolver algo, pedir perdón por una mentira, defender a alguien criticado injustamente.
3. Antes de la próxima Misa, anota en un papel una incoherencia de tu vida y preséntala al Señor, pidiéndole gracia para dar un paso concreto de cambio durante la semana.
1. ¿En qué parte de tu vida te sientes hoy más interpelado/a por estas lecturas?
2. ¿Qué “cerdos” (seguridades, hábitos, pecados) temes perder si dejas que Jesús actúe con libertad?
3. ¿Cómo afecta tu relación con los demás el modo en que vives (o no) la justicia y la misericordia?
4. ¿Hay algún rito religioso que cumples, pero sin que cambie realmente tu manera de vivir? ¿Qué te dice eso?
5. ¿Qué paso concreto, pequeño pero real, decidirás dar hoy para que tu fe se traduzca en justicia y bondad?
Atajos de teclado:
← / → : Día anterior / siguiente
T : Ir a hoy