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Tiempo Ordinario
Leccionario: 605
Hermanos: Llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos. Por eso sufrimos toda clase de pruebas, pero no nos angustiamos. Nos abruman las preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos vemos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no vencidos.
Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús. Nuestra vida es un continuo estar expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes, la vida.
Y como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.
R. (5) Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio,
creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra boca,
ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Au los mismos paganos con asombro decían:
"¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!"
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
Al ir, iban llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.
R. Entre gritos de júbilo cosecharán
aquellos que siembran con dolor.
R. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor,
para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
R. Aleluya.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella respondió: "Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino". Pero Jesús replicó: "No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?" Ellos contestaron: "Sí podemos". Y él les dijo: "Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado".
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos".
Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB
Hoy la Palabra une dos imágenes fuertes: vasijas de barro y un cáliz. Pablo nos recuerda que somos frágiles, pero que dentro llevamos un tesoro: la vida de Jesús mismo. El Evangelio nos muestra a Santiago y Juan buscando puestos de honor, y a Jesús respondiendo con el camino del servicio y de la cruz. El mensaje central es incómodo y hermoso a la vez: la verdadera grandeza no está en ser admirados, sino en dejarnos gastar por amor, aun cuando duela.
Nos parecemos más de lo que creemos a la madre de los Zebedeos. También nosotros soñamos con “llegar lejos”: éxito profesional, reconocimiento, estabilidad total. Jesús no condena el deseo de grandeza, lo purifica: “El que quiera ser grande… que sea el que sirva”. En un mundo que te dice “hazte notar”, Jesús te susurra: “déjame amar a otros a través de tu pequeñez”. Por ejemplo, cuando en el trabajo eliges escuchar con paciencia a un compañero pesado, en lugar de unirte al chisme, estás bebiendo un sorbo de ese cáliz.
1. Esta semana, elige conscientemente una tarea humilde (lavar platos, ordenar, ayudar a un compañero rezagado) y ofrécela por alguien que sufre, repitiendo: “Señor, este es mi pequeño cáliz contigo”.
2. Dedica 10 minutos un día por la noche para escribir en una hoja: “Mis fragilidades” y, al lado, “El tesoro que Dios pone ahí”. Agradece una por una.
3. Un día de esta semana, durante el almuerzo o el descanso, lee lentamente 2 Cor 4,7-10 y subraya una frase que quieras vivir hoy.
1. ¿En qué momentos recientes te has sentido como una “vasija de barro”: frágil, cansado, limitado?
2. ¿Qué decisión concreta podrías tomar para pasar de buscar reconocimiento a buscar servir más (en casa, trabajo, comunidad)?
3. ¿Cómo te invita hoy Jesús a vivir más cerca de Él: en la alegría del servicio, en el sufrimiento silencioso, en la oración confiada por otros?
4. ¿Qué entiendes ahora por “ser grande” a la luz de Santiago y de las palabras de Jesús?
5. ¿Qué paso pequeño y concreto darás hoy para empezar a “beber el cáliz” junto a Jesús? Escríbelo y ponte una hora para hacerlo.
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