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domingo, 26 de julio de 2026

XVII Domingo Ordinario

Tiempo Ordinario

Leccionario: 109

Lecturas de la Sagrada Escritura

Primera lectura

En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré".

Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí; tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?"

Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: "Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo".

Salmo Responsorial

R. (97a) Yo amo, Señor, tus mandamientos. A mí, Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos.  Para mí valen más tus enseñanzas  que miles de monedas de oro y plata.  R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Señor, que tu amor me consuele, conforme a las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré, porque en tu ley he puesto mi contento.  R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Amo, Señor, tus mandamientos  más que el oro purísimo; por eso tus preceptos son mi guía  y odio toda mentira.  R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los sencillos. R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Yo amo, Señor, tus mandamientos.

Segunda lectura

Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador.

En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".

O bien:

E n aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra''.

Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB

Reflexión

El tesoro que reordena todos tus deseos – ¿qué quieres de verdad?

Hoy Dios te hace la misma pregunta que a Salomón: “Pídeme lo que quieras”. Y las lecturas te muestran dos respuestas posibles: buscar lo inmediato (seguridad, éxito, comodidad) o pedir un corazón sabio capaz de descubrir el tesoro del Reino. Salomón elige sabiduría; el comerciante vende todo por una sola perla; el hombre del campo lo arriesga todo por un tesoro escondido. El mensaje central es claro y exigente: lo que más deseas hoy revela qué lugar tiene Dios en tu vida.

Salomón y el comerciante: un desafío muy actual

Salomón no pide “cosas”; pide un corazón que sepa distinguir el bien del mal. El comerciante tampoco acumula perlas; deja todo por la única que vale la pena. En nuestra vida puede sonar así: tienes una oferta de trabajo muy bien pagada, pero que destruiría tu tiempo con tu familia o te llevaría a actuar sin ética. ¿Qué eliges? Las lecturas te invitan a preguntarte: ¿qué estoy dispuesto a perder para no perder a Cristo?

Poniéndolo en Práctica

1. Oración concreta (5–10 minutos): Esta semana, una vez al día di despacio: “Señor, dame sabiduría de corazón”, y menciona una decisión real que tienes que tomar.

2. Revisión de deseos: Haz una lista de tus cinco mayores deseos hoy. Al lado de cada uno escribe: “¿Esto me acerca o me aleja del Reino?” Sé honesto.

3. Un pequeño “venderlo todo”: Elige algo que te ata (una compra innecesaria, una hora de redes, una queja constante) y “véndelo”: renuncia a ello por una semana y ofrece ese espacio al Señor.

Reflexiona y Escribe en tu Diario

1. ¿Qué emoción aparece en ti cuando escuchas a Dios decir: “Pídeme lo que quieras”?

2. ¿En qué decisión concreta de tu vida sientes hoy la llamada a elegir el tesoro del Reino por encima de otra cosa atractiva?

3. ¿Cómo se ve, en tu trato con los demás, que amas (o no) los mandamientos del Señor?

4. ¿Qué “perlas” o “tesoros” estás cuidando más que tu relación con Dios?

5. ¿Qué paso pequeño pero real vas a dar esta semana para ordenar tus deseos según el Reino?

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