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jueves, 18 de junio de 2026

Jueves de la XI semana del Tiempo ordinario

Tiempo Ordinario

Leccionario: 368

Lecturas de la Sagrada Escritura

Primera lectura

En aquel tiempo, surgió Elías, un profeta de fuego; su palabra quemaba como una llama. Él hizo caer sobre los israelitas el hambre y con celo los diezmó. En el nombre del Señor cerró las compuertas del cielo e hizo que descendiera tres veces fuego de lo alto. ¡Qué glorioso eres, Elías, por tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? Tú resucitaste del sepulcro a un muerto, lo arrancaste de la muerte por la palabra del Altísimo. Tú llevaste la ruina a los reyes y la muerte a los príncipes en su lecho. Tú escuchaste las amenazas de Dios en el Sinaí y sus palabras de castigo en el Horeb. Tú ungiste a reyes vengadores y nombraste como sucesor tuyo a un profeta. En un torbellino de llamas fuiste arrebatado al cielo, sobre un carro tirado por caballos de fuego. Escrito está de ti que volverás, cargado de amenazas, en el tiempo señalado, para aplacar la cólera antes de que estalle, para hacer que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos y congregar a las tribus de Israel. Dichosos los que te vieron y murieron gozando de tu amistad; pero más dichosos los que estén vivos, cuando vuelvas. Cuando Elías fue arrebatado por el torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Ningún príncipe lo intimidó, nadie lo pudo dominar. Ninguna cosa le era imposible y aun estando en el sepulcro, resucitó a un muerto. En vida hizo prodigios y después de muerto, obras admirables.

Salmo Responsorial

R. (12a) Que se alegren los justos con el Señor. Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. El trono del Señor se asienta En la justicia y el derecho. R. R. Que se alegren los justos con el Señor. Un fuego que devora a sus contrarios a nuestro Dios precede; deslumbran sus relámpagos el orbe  y, viéndolos, la tierra se estremece. R. R. Que se alegren los justos con el Señor. Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R. R. Que se alegren los justos con el Señor. Los que adoran estatuas que se llenen de pena y se sonrojen lo mismo el que se jacta de sus ídolos. Que caigan ante Dios todos los dioses. R. R. Que se alegren los justos con el Señor.
Que se alegren los justos con el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya. Hemos recibido un espíritu de hijos, que nos hace exclamar: ¡Padre! R. Aleluya.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner. Via USCCB

Reflexión

Un fuego interior que dice “Padre” – ¿qué te quiere decir hoy Dios?

Hoy la Palabra une el fuego impresionante de Elías con la sencillez del “Padre nuestro”. Dios es fuego que sacude montes, pero también es Padre que sabe lo que necesitas antes de que abras la boca. El verdadero milagro no son solo los prodigios exteriores, sino un corazón que se deja transformar: que confía, que perdona, que se abandona en la voluntad del Padre. Hoy se nos invita a pasar de la oración “de labios” a la oración “de hijos”.

El desafío de orar sin máscara

Jesús critica la oración llena de palabras pero vacía de corazón. ¿Te suena? Rezar el Padrenuestro en misa mientras piensas en el correo pendiente, o repetirlo rápido antes de dormir, sin detenerte en ninguna frase. El reto es este: menos discurso, más verdad; menos autosuficiencia, más confianza de hijo; menos rencor escondido, más perdón concreto a personas reales.

Poniéndolo en Práctica

- Esta semana, reza el Padrenuestro dos veces al día, despacio, deteniéndote 10 segundos en cada petición; subraya o anota la frase que más te cuesta vivir.

- Elige a una persona concreta a la que guardas resentimiento; escribe su nombre y, durante tres días seguidos, reza por ella al decir: “como también nosotros perdonamos…”.

- Toma 5 minutos una tarde para preguntarle al Padre, en silencio: “¿Qué área de mi vida quieres encender con tu fuego hoy?” y anota lo que venga a tu corazón.

Reflexiona y Escribe en tu Diario

1. ¿Qué emociones se despiertan en ti al llamar a Dios “Padre” de manera consciente y lenta?

2. ¿En qué área concreta de tu vida diaria necesitas que el Padrenuestro deje de ser rutina y se vuelva decisión?

3. ¿Cómo se ve tu relación con los demás cuando recuerdas que todos somos hijos del mismo Padre?

4. ¿Qué parte del Padrenuestro te resulta más difícil de aceptar: la voluntad de Dios, el perdón, el pan de cada día… y por qué?

5. ¿Qué paso pequeño, pero real, vas a dar hoy para que tu oración sea más auténtica y tu perdón más concreto?

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